Desde hace unos meses estoy cobrando un subsidio por desempleo más cercano a la caridad que a la ayuda propiamente dicha. Menos da una piedra, pero preferiría estar picando “idems” y ganando bastante más ocupando mi tiempo en algo provechoso para el espíritu y para la mente (si por provechoso se entiende enriquecer y engordar la barriga de algún empresario de pro) que maquinando chorradas todo el día tirado al sol, como en la película. En estos tiempos de ocio y descanso obligatorio, la cabeza está en todas partes menos en las que tiene que estar. Problemas, ansiedad, desidia, apatía… Se me pasó sellar hace poco en el INEM (esa máquina infalible de generar empleo y recursos; llena de funcionarios amables y capaces que, humanamente, resuelven todos tus problemas y no van a cobrar su sueldo a final de mes importándoles una chufla lo que piense, sienta o padezca la persona que tienen delante) y me han sancionado con un mes de suspensión de dicha ayuda, ayuda que comparto con mi mujer. Gracias a dios no soy una persona que contrae muchas deudas, pero estas navidades me veo colgando las muelas… Será cuestión de encerrarse en la habitación con una zambomba y una bandeja de polvorones hasta el día 6 de enero, y que salga el sol por Antequera…
Aportación de EL INQUILINO COMUNISTA