lunes, 16 de noviembre de 2009

Corta reflexión pre-navideña

Desde hace unos meses estoy cobrando un subsidio por desempleo más cercano a la caridad que a la ayuda propiamente dicha. Menos da una piedra, pero preferiría estar picando “idems” y ganando bastante más ocupando mi tiempo en algo provechoso para el espíritu y para la mente (si por provechoso se entiende enriquecer y engordar la barriga de algún empresario de pro) que maquinando chorradas todo el día tirado al sol, como en la película. En estos tiempos de ocio y descanso obligatorio, la cabeza está en todas partes menos en las que tiene que estar. Problemas, ansiedad, desidia, apatía… Se me pasó sellar hace poco en el INEM (esa máquina infalible de generar empleo y recursos; llena de funcionarios amables y capaces que, humanamente, resuelven todos tus problemas y no van a cobrar su sueldo a final de mes importándoles una chufla lo que piense, sienta o padezca la persona que tienen delante) y me han sancionado con un mes de suspensión de dicha ayuda, ayuda que comparto con mi mujer. Gracias a dios no soy una persona que contrae muchas deudas, pero estas navidades me veo colgando las muelas… Será cuestión de encerrarse en la habitación con una zambomba y una bandeja de polvorones hasta el día 6 de enero, y que salga el sol por Antequera…



Aportación de EL INQUILINO COMUNISTA

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Taekwondo

La absurda historia trascurre sobre mediados de septiembre de 2005 y está ambientada en un gimnasio de un colegio de la Chana, no se trata de ningún suceso paranormal, aunque algo del inframundo debía invadir la mente del personaje que hizo que mi percepción cambiara y me convirtiera en el mago de la improvisación.
El mencionado colegio había contratado una empresa de actividades extraescolares entre las que se ofertaba baloncesto y puesto que ya tenía algo de experiencia dirigiendo algún equipo, decidí ofrecerme. No me pusieron ningún inconveniente, me cité con el coordinador de la empresa en susodicho gimnasio para comenzar en ese momento las clases con los niñxs ( me gusta esta forma de Peter de referirse a ambos sexos, te copio). Aquí empieza el expediente X. Entro al gimnasio y no encuentro ningún balón, sólo colchonetas esparcidas a la buena de dios en el suelo y al coordinador que se dirige a mí con una sonrisa nerviosa y me dice: “No te lo había dicho…. este mes no puedes dar baloncesto porque el monitor de taekwondo se ha ido y los críos tienen que terminar la actividad este mes”. Yo le respondo: “No pasa nada, si no tenéis inconveniente me paso el mes que viene” a lo que él me responde “Podías dar la actividad tú” .
Para los que me conozcan y los que no, ya lo saben, no tengo NI PUTA IDEA de taekwondo y como es sensato le respondí que no sabía nada, que lo mío es el baloncesto. Pero parece que la colonia que llevaba ese día le moló o mi cabeza rapada le hizo pensar que era primo de los monjes shaolin y que por lo tanto tenía que saber de artes marciales, a lo que el colega me responde: “no pasa nada, improvisa lo que tu veas”. En ese momento se me secaron los ojos, mis zapatillas se fundieron en el plástico del gimnasio, Winnie de Poo se paseaba por mi mente y juro que cuando levante la vista éste personaje había desaparecido por la puerta de atrás. Esa misma tarde fui a la facultad de INEF, saque un libraco con movimientos de taekwondo y me dedique a imitar esos movimientos con mis pupilos ignorantes.


Aportación de DAVID

martes, 27 de octubre de 2009

Cintas transportadoras



En “Tiempos modernos”, de Chaplin, apareció uno de esos momentos que pasan a la historia del cine: Charlot trabajaba en una fábrica y su cometido era apretar tornillos con una llave en cada mano. El movimiento era esteriotipado y continuo, porque estaba frente a una cadena de montaje y las piezas no paraban de pasar ante su vista. Al terminar la jornada caminaba por la calle haciendo el mismo movimiento que no paraba de repetir en la fábrica, incluso se acostaba y continuaba.


Esa es la sensación que dejan algunos trabajos; la jornada acaba y sin embargo sigues en la tajo. Recuerdo un día en concreto en la fábrica: la máquina que pone las etiquetas con las fechas de caducidad estaba averiada y no la ponía a cada botella. Así que ni cortos ni perezosos mandaron a un chaval que controlara que todas las botellas debían tener la etiqueta. Pasó ocho horas mirando botellas pasar, en total pudieron pasarle por las narices 500000 ó 600000. El turno terminó y salimos a la calle; caminando por el patio lo miré de reojo y me percaté de que no se había quitado las gafas de seguridad, además caminaba despacio, con la vista perdida, despeinado y con los pantalones apunto de caer. Era un auténtico zombie de peli de serie B. La buena noticia es que tiempo después volvimos a coincidir y se comunicaba y actuaba con normalidad.

La pregunta es la siguiente: Si después de media hora de jugar al Tetris cierras los ojos y ves figuras cayendo, ¿durante cuánto tiempo estuvo viendo este hombre las botellas en procesión? Tití-ti-ti-ti-titití-titi-ti-ti-ti-ti-tití....





lunes, 26 de octubre de 2009

Experiencias laborales en la tercera fase



Hoy se abre el chiringuito, y como no estamos en Barcelona hay barra libre para que comentéis y mandéis lo que os apetezca, que espero sea mucho...





Ánimo, suerte y salud.